miércoles, 10 de junio de 2015

SOBRE LOS CLÁSICOS


 “(…) es capaz de casi inagotables
repeticiones, versiones, perversiones“.
J. L. Borges




    Si clásico es lo que mantiene su vigencia a lo largo  del tiempo y, como afirma Ítalo Calvino,  “nunca termina de decir lo que tiene que decir”, en gran medida logra esa condición por las “casi inagotables repeticiones, versiones, perversiones” que admite o propicia. Los cuentos clásicos infantiles son ejemplo de eso, porque con sus cambios y permanencias, “dicen” diferentes representaciones de receptor y de la LIJ.    
   Así buena parte de la narrativa identificada con la literatura infantil clásica no tuvo siempre ese destinatario; es el caso de los cuentos tradicionales. Sus versiones más antiguas documentadas no diferencian público adulto de infantil y distan notablemente de las que circularon  a partir de ser fijadas por la escritura y adaptadas a nuevos destinatarios empleando variados criterios. 
   Con las obras creadas para niños a partir de mediados del s. XIX ocurre un fenómeno en apariencia inverso pero por el cual, finalmente, conforman un todo homogéneo con los relatos de la tradición oral. Las aventuras de Peter Pan, Pinocho o Tom Sawyer son más conocidas en las distintas adaptaciones cinematográficas, televisivas o de colecciones de libros infantiles que en sus textos originales. M. A. Díaz Rönner habla de “tradicionalización” para dar cuenta de ese proceso adaptativo.
   Algo semejante sucede con obras originalmente escritas para adultos, como Robinson Crusoe o Los viajes de Gulliver,  cuando son convertidas, mediante  recorte y simplificación,  en historias para niños.
   Pero, “la adaptación, cuando es idónea, resulta una operación rescate de textos que, sin ella, caerían tarde o temprano en el olvido”, afirma Graciela Montes con conocimiento de causa. 
  Las anteriores son algunas de las razones por las que en esta sección nos preguntamos y buscamos pistas para responder, entre otras cuestiones y aunque sea de manera provisora, qué textos pueden considerarse clásicos en la LIJ, por qué leerlos o no, en qué versiones, adaptaciones o reescrituras, qué criterios guían a sus responsables.

martes, 9 de junio de 2015

SOBRE TENDENCIAS ACTUALES


(…) lo "nuevo"
no es sólo lo que se acaba de hacer, 
sino lo que acabamos de descubrir,
 o lo que ha cambiado de apariencia, 
o lo que pide una nueva interpretación.
Blackie Books

  Así como un rasgo característico de los clásicos es su permanencia, sea esta discutida o exaltada, desde los bordes del campo de la LIJ emergen obras que van configurando tendencias nuevas; algunas se reciben con bienvenidas, otras son casi ignoradas.
  Se mueven en las fronteras, por lindar con otros lenguajes, como el libro-álbum, la historieta o la novela gráfica en los que confluyen la palabra con la plástica y los medios audiovisuales. En los bordes, por su lugar secundario frente a otras corrientes dominantes, como la poesía frente a la narrativa. En los límites, o más allá,  de lo “políticamente correcto”, como algunas expresiones del humor paródico, irónico, absurdo, negro.
  Lo nuevo conlleva desasosiego. Desacomoda. En especial a los adultos: editores, libreros, padres, mediadores varios… Porque se aparta de certidumbres, o moderadas incertidumbres aceptadas: las del mercado editorial, las del canon escolar, las de los géneros, temas y tonos “infantiles y juveniles". Porque se ubica en un espacio de complicidad creativa con un receptor que no es subestimado.
   En esta sección del blog, proponemos acercarnos a la poesía para niños, y no solo para ellos,  que transita caminos en los que la musicalidad de las palabras dialoga en diferentes registros con la imagen y diseño del libro. Por eso incorporamos poemas que se abren a múltiples modos de lectura, presentaciones musicalizadas de los mismos y acercamientos teóricos y críticos sobre este género.
  También es el lugar de las “historias en cuadritos” y del humor, que no es un género ni se limita a alguno de ellos sino que, al decir de E. Stilman, es “una actitud ante el mundo  (…) Y no se trata de una actitud alegre: los últimos límites del humorismo lindan más con los laberintos de la desesperación que con el decorado de la felicidad convencional”. ( 1967: 9)

Stilman, E. (1967)“El humor negro”. En: El humor negro. Antología ilustrada. Selección y notas de Eduardo Stilman. Ilustraciones de Hermenegildo Sabat. Buenos Aires, Editorial Brújula. Colección Breviarios de Información Literaria.