“(…) es capaz de casi inagotables
repeticiones, versiones, perversiones“.
J. L. Borges
Si clásico es lo que mantiene su vigencia a lo largo del tiempo y, como afirma Ítalo Calvino, “nunca termina de decir lo que tiene que decir”, en gran medida logra esa condición por las “casi inagotables repeticiones, versiones, perversiones” que admite o propicia. Los cuentos clásicos infantiles son ejemplo de eso, porque con sus cambios y permanencias, “dicen” diferentes representaciones de receptor y de la LIJ.
Así buena parte de la narrativa identificada con la literatura infantil clásica no tuvo siempre ese destinatario; es el caso de los cuentos tradicionales. Sus versiones más antiguas documentadas no diferencian público adulto de infantil y distan notablemente de las que circularon a partir de ser fijadas por la escritura y adaptadas a nuevos destinatarios empleando variados criterios.
Con las obras creadas para niños a partir de mediados del s. XIX ocurre un fenómeno en apariencia inverso pero por el cual, finalmente, conforman un todo homogéneo con los relatos de la tradición oral. Las aventuras de Peter Pan, Pinocho o Tom Sawyer son más conocidas en las distintas adaptaciones cinematográficas, televisivas o de colecciones de libros infantiles que en sus textos originales. M. A. Díaz Rönner habla de “tradicionalización” para dar cuenta de ese proceso adaptativo.
Algo semejante sucede con obras originalmente escritas para adultos, como Robinson Crusoe o Los viajes de Gulliver, cuando son convertidas, mediante recorte y simplificación, en historias para niños.
Pero, “la adaptación, cuando es idónea, resulta una operación rescate de textos que, sin ella, caerían tarde o temprano en el olvido”, afirma Graciela Montes con conocimiento de causa.
Las anteriores son algunas de las razones por las que en esta sección nos preguntamos y buscamos pistas para responder, entre otras cuestiones y aunque sea de manera provisora, qué textos pueden considerarse clásicos en la LIJ, por qué leerlos o no, en qué versiones, adaptaciones o reescrituras, qué criterios guían a sus responsables.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario