domingo, 2 de marzo de 2014

* Sobre historietas





La antropóloga francesa Michele Petit ha investigado el papel de la lectura en la construcción de la identidad personal, particularmente en contextos de crisis. En su autobiografía como lectora, Una infancia en el país de los libros (México-Barcelona. Editorial Océano, Colección Travesía), narra su experiencia con el género historieta en la Europa de posguerra. Leyéndola podemos preguntarnos si en otros lugares y épocas se repite esta vivencia.
(…) Durante años corrí cada martes a comprar Spirou y cada miércoles Tintin. Pocas veces he vuelto a sentir en la lectura la plenitud que experimentaba en esos momentos.
(A los ocho o nueve años) Las imágenes me llenaban, me envolvían. Hoy en día me impacta el contraste entre esos héroes bien delimitados por una línea, que se destacan del entorno, junto a los que pasé esas horas deliciosas, y las criaturas transparentes , inacabadas, que hasta los treinta y tantos años se aparecieron en mis sueños y me representaban. Tal vez estaba en busca de un trazo (…) Lo cierto es que durante mucho tiempo el texto fue para mí solo un complemento de las imágenes, y éstas eran las que me gustaban. Pero la presencia de las palabras (esos pequeños fiadores) no me era desagradable puesto que permanecían en su lugar, no invadían la página, incluso contribuían a un ritmo, una vivacidad, o un equilibrio.
Lo que también me emocionaba era la yuxtaposición, el conjunto de las viñetas. El dibujo animado o la película, que dan la ilusión de la vida, al igual que ésta seguían su propio curso. Como el agua de Fantasía que el pobre Mickey, aprendiz de brujo totalmente rebasado, trata sin fin de reducir.
En el cine no era posible retener nada. Si acaso podía regresar y comprobar de nuevo que apenas se entrevía una imagen, escapaba a otra parte. Sabe Dios a dónde. Mientras que con las historietas lo que estaba allí era la vida misma, o casi, su sucesión de instantes. Yo podía agarrarlos entre mis manos. Lo único que se me escapaba eran los cortes de la intriga, ese repentino detenerse en un grito, una puerta abierta, un peligro anunciado. Leía lo más lento que podía, deteniéndome en cada imagen, observando en ella los detalles, para diferir el momento en el que sólo quedaría esa espera infinita, hasta la semana siguiente.
(…) Desde luego, yo sabía que (mis héroes) estaban hechos de papel, no creía en ellos realmente. Pero para mí era vital mantenerme en una región donde ilusión y realidad no estaban bien definidas.
Las historietas representaban la eternidad misma. Sobre todo porque mis álbumes me ofrecían peripecias sin fin. No me imaginaba que la oleada de las series que me gustaban pudiera detenerse algún día, que una obra tuviera un número limitado de títulos.
(2008: 42 y 51-53)

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¿Por qué ese nombre que las empequeñece? ¿Por qué quedan relegadas a un rincón de las publicaciones de los diarios o al formato de revista? ¿Por qué si son leídas con pasión por los chicos y adolescentes entran en la escuela como de contrabando?
El nombre y lugar material y simbólico de las historietas las vinculan con los márgenes de la literatura, de la cultura letrada. Sin embargo la complejidad de su lenguaje mixto y la calidad de los guionistas y dibujantes, especialmente de nuestro país, ha merecido la atención de editoriales llamadas independientes. Con estilos diferentes, las colecciones Cuadriños, de Pequeño editor, y Factor fantasía, de Pictus, por ejemplo, están dedicadas a las historietas. Letra Impresa elige cuentos de los autores clásicos de los géneros policial y de terror que son adaptados por historietistas en la colección Cuentos con historieta


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El Movimiento para la Difusión de la Historieta Infantil, La Banda Dibujada, promueve de diferentes modos este género. Además de otorgar premios, dar charlas y talleres en colegios, ofrece El Fascinante Mundo de la Historieta, un material para los docentes hecho por quienes saben del tema.

La presentación de este material se halla en: https://sites.google.com/site/bandadibujada/el-fascinante-mundo-de-la-historieta

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